|
|
MENSAJES
PECTORALES 
|
|
Una mujer embarazada llevaba
en la playa una camiseta con el lema "En construcción" y una gran flecha que
señalaba hacia su vientre. Al lado, iba su marido. En su camiseta aparecía la
palabra "Constructor" y, junto a ella, una gran flecha apuntaba a su sonriente
cara. Los mensajes que lucen las camisetas a menudo son un reflejo de la imagen
que su portador quiere dar. Expresan sueños, aficiones, reivindicaciones,
ideologías y actitudes ante la vida. Constituyen una especie de anuncios
personales. ¡Porque la vida, ya se sabe, es un compuesto de nitrógeno, oxígeno y
publicidad!
|
|

|
|
Gente
corriente con gustos diversos, -como estudiantes, deportistas, empleados,
ejecutivos, turistas, hueveros, etc.-, tienen hoy algo en común: usan la más
universal y cómoda prenda del verano, la camiseta. Ésta no tiene condición ni
edad. Desde niños que ya muestran en ella sus inquietudes filosóficas ("¿Quién
soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Dónde está la cocina?"), hasta abuelos que exhiben
ufanos sobre su pecho afectivos mensajes como éste: "Si hubiera sabido que los
nietos son tan divertidos, los hubiera tenido a ellos primero".
El lenguaje
de las camisetas se ha convertido, pues, en un fenómeno social en el mundo
entero, a excepción de los polos. Más allá de su explícito cometido, se ha
transformado en un escaparate de mensajes personales sin los cuales sus
portadores serían mucho más vulnerables y anónimos. Porque los mensajes
pectorales representan, de alguna manera, la defensa del carácter, el concepto
jungiano de actitud o, cuando menos, algún indicio del estilo de vida. "Yo no
soy gay, pero mi novio sí" es, por ejemplo, una muestra inequívoca -pese a la
paradoja- de la orientación sexual de su usuario. Como síntoma de una obsesión
actual, las leyendas de carácter sexual abundan: "Todos los maníacos sexuales
utilizan camisetas rojas", "Instructor de sexo: 1ª lección gratis" o "La
virginidad produce cáncer, ¡vacúnese!" son otros ejemplos. Se trata de tipos que
tienen metido el sexo en la camiseta ¡a diferencia de otros más afortunados que
logran meterlo en sitios más adecuados!
Por los mensajes camiseros se
podría, muchas veces, prever cómo responderían sus portadores a ciertos
estímulos. Incluso algunas leyendas exhibidas entre pecho y espalda anuncian
claramente no sólo esa probabilidad reactiva, sino un carácter asertivo. Son
aquéllas que llevan un mensaje delante y detrás una "patada". |
|
|
Por ejemplo, la
camiseta de una joven y atractiva muchacha que circula alrededor de una piscina
lleva sobre su prominente pecho la siguiente inscripción: "Pídeme lo que
quieras". Pero cualquier jovenzuelo entre 16 y 100 años que se cruza con ella y se vuelve
para contemplar sus atributos, puede leer sobre su espalda: "¡Eso no!". O la de
otra mujer cuyo lema delantero reza: "Estoy buscando marido", sin embargo,
cuando se vuelve de espaldas el mensaje es rotundo: "¡Pero tú no me
sirves!".
Desde un
punto de vista psicológico, se puede relacionar las leyendas que la gente escoge
con su personalidad. O, al menos, con algún aspecto de la misma. Todas las
elecciones de camisetas implican aliarse con las ideas de uno mismo y con las de
otras personas que hacen idéntica elección. El surtido de leyendas responde a
todos los gustos. Las hay para hacer declaraciones de principios: la feminista
qu exhibe en su camiseta "Nacimiento de Belén" bajo el lema "¡Es niña!"; las que
muestran preferencias musicales: "I love jazz"; inquietudes sociales, como el
cachorro de visón que pregunta: "¿Tiene tu madre abrigo de piel? La mía no"; o
preocupaciones dietéticas: "No hay nada más apretado que la camiseta del año
pasado". Por otro lado, la camiseta, por sí misma, transmite subliminalmente a
las gentes un código desinhibibor de conductas. Se ha comprobado que su
generalizado uso ha implantado actitudes nuevas en las relaciones laborales.
Vestir esta prenda informal ha implicado cambios psicológicos profundos. Las
empresas que han aceptado su uso entre sus empleados (incluidos jefes), han
observado, por ejemplo, una pérdida de valores jerárquicos. Los trabajadores
tienden a tutear a los demás con independencia de su categoría. Asimismo, en las
reuniones de trabajo, los usuarios de camisetas son más propensos a decir
libremente lo que piensan. El estilo del lenguaje, las posturas y los modos
cambian. Con la camiseta, las gentes se sienten más libres para interrumpir a su
interlocutor. Utilizan expresiones más coloquiales y camaraderiles que antes. La
camiseta informal parece, pues, invitar a tratar a los demás de igual a igual, a
intimar más rápidamente. Y hasta a establecer un clima de mayor confianza entre
dos extraños que han coincidido en sus respectivas camisetas con el mismo lema:
"Universidad de Hardvard". ¡Aunque ni uno ni otro sepa ni una palabra de
hardware ni software!
|



|
|

|
Estos cambios sociales que la
camiseta ha generado no son aún apreciables en las grandes empresas de seguros,
banca o abogacía, entornos en donde funciona más la rutina que la creatividad.
La formalidad encaja bien en este tipo de empresas.

La vestimenta seria y
tradicional genera actitudes sobrias y un clima social distante y frío entre
todos los trabajadores, así como entre éstos y los clientes. Claro que, la misma
distancia social es la que permite que su director de banco le niegue
cortésmente el préstamo que necesita. Aunque la culpa muy bien podría ser sólo
de usted. ¿Cómo se le ocurre presentarse en un banco con una camiseta cuya
leyenda reza nítidamente: "El banquero siempre escucha con mucho
interés"?
|
|
|