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Son seguras porque son privadas y ficticias: la privacidad asegura que las
fantasías no serán descubiertas mientras que el aspecto inventado de las
fantasías nos libera de responsabilidad y nos permite jugar con ellas. Y como
somos el director de la escena, podemos suspenderlas abruptamente si no nos
gustan o cambiarles el rumbo. Las escenas fantaseadas, si bien sólo son
excursiones de la mente, ayudan a encontrar excitación, aventura, autoconfianza
y placer. De esa manera, se recrean escenas que pasaron y armamos otras con cosas
que deseamos pero no hacemos, por que no nos atrevemos; o porque nos asustan; o
porque simplemente queremos que permanezcan como fantasías. Alguna gente las
tiene más desarrolladas y otras no.

Parece que, en general, los
hombres fantasean más que las mujeres, pero las mujeres también fantasean. J.
Money, un experto en sexualidad, dice que todos desarrollamos un "mapa de amor",
un mapa mental que tiene las características del amado y también las actividades
sexuales y afectivas que nos resultan más eróticas. Ese mapa es como las huellas
digitales de la personalidad sexual de cada uno de nosotros, las cosas que nos
excitan sexualmente son únicas si bien es cierto que compartimos gran parte de
ellas con el resto de las mujeres o con el resto de los hombres,
respectivamente. Las fantasías sexuales completan el mapa de amor, agregan las
pistas que le faltan pero por encima de todo "entretienen la cabeza", permiten
que nos concentremos en las sensaciones placenteras, sin censuras y aumentando
la posibilidad de excitación erótica. La fantasía y el deseo sexual a veces
pueden aparecer juntos y ser el motor que enciende la escena sexual. Pero
también se ha comprobado que la gente con bajo deseo sexual, tiene pocas
fantasías sexuales y muchas veces se benefician usando y construyendo fantasías
de manera positiva. |