| Ninguno comprendíamos el secreto nocturno de las
pizarras ni por qué la esfera armilar se exaltaba tan sola
cuando la mirábamos. Sólo sabíamos que una circunferencia puede no ser
redonda y
que un eclipse de luna equivoca a las flores y
adelanta el reloj de los pájaros. Ninguno comprendíamos nada: ni por qué nuestros dedos eran de tinta
china y
la tarde cerraba compases para al alba abrir libros. Sólo sabíamos que una recta, si quiere, puede ser
curva o
quebrada y
que las estrellas errantes son niños que ignoran la
aritmética.
Rafael
Alberti -Sobre los ángeles
(1929)-
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